¿Por qué contactó la familia?
Reactividad a perros y vehículos. A veces también a personas.
¿Cómo afrontamos el problema?
Empezamos por una sesión de valoración online para establecer las bases sobre las que trabajaríamos después. Decidí que fuera online porque Sara y yo vivíamos muy lejos el uno del otro y por otro lado era la configuración más cómoda para asentar las bases teóricas ya que Bowie se ponía algo nervioso con las visitas. De esta manera, él podía estar relajado mientras si mami humana atendía a la clase.
El problema de Bowie era que se había criado en un entorno con mucha hostilidad. De pequeño, convivía que otros dos perros que entre ellos tenían una relación muy mala y había peleas frecuentemente. Eso hizo que Bowie aprendiera que las interacciones sociales funcionaban de esa manera. A parte de que, poco a poco, esa situación iba degradando su estado emocional.
Durante los paseos por la calle en entorno urbano, los vehículos que pasaban cerca, iban rápido y/o hacían mucho ruido representaban un gran problema para Bowie. Su reacción era muy intensa y desagradable. Del mismo modo, cuando tenía que afrontar una situación social con otro perro se ponía muy muy nervioso y muchas veces hacía el amago de querer morder. Sara, su tutora, cada vez tenía más miedo de relacionarlo con otros perros por si la interacción acababa en pelea y ese fue el inicio del bucle vicioso de la reactividad de Bowie.
Después de esa sesión de valoración fuimos directo al grano a practicar lo que habíamos establecido en la clase online. Buscamos un entorno cercano a casa de Bowie en el que se pudiese hacer una buena gestión de las distancias y dimos un paseo técnico por esa zona. Desglosamos en todo momento el cómo afrontar cada una de las situaciones que se presentaban y el por qué hacerlo de esa manera para que Sara fuera entendiendo y pudiese practicar bajo mi supervisión.
Concretamos otra sesión por el entorno próximo al domicilio que era una zona muy complicada para Bowie ya que las calles eran estrechas y ya había cosechado varias malas experiencias en esa zona, con lo cual en muchas ocasiones anticipaba la preocupación a algo que aún no había ocurrido. Pese a la complicación del entorno Bowie nos sorprendió a todos con un buen manejo de las situaciones y un excelente acompañamiento por parte de Sara. Siempre recordaré ese paseo porque se dio una situación muy bonita que fue la siguiente: Llegamos a una playa y mientras paseábamos apareció un perro. Bowie se puso tenso, pero resolvió muy bien la situación, hizo buena gestión. Poco después apareció un grupo de 4 perros sueltos, en ese momento Sara se puso muy nerviosa porque en su cabeza creía que iba a haber una pelea. Le dije que se mantuviera al margen y que siguiera mis instrucciones. Solté a Bowie y le pedí a Sara que caminara un poco en cierta dirección. Yo me quedé supervisando la situación y se hizo la magia. Bowie fue capaz de comunicarse con esos 4 individuos y resolver la situación sin conflictos. Una vez resuelta, volvió con nosotros y nos fuimos. Ahí dimos por terminada la sesión.
No hicimos más sesiones después de esa. Mantuve el seguimiento y fui resolviendo algunas dudas puntuales. Sara ya sabía cómo hacerlo y había visto que era posible.
Conclusión
Sara solo necesitaba ver que era posible. Necesitaba ganar confianza en sí misma y también en Bowie. Con las herramientas adecuadas, una mirada compasiva y práctica, SE PUEDE.
Es muy complicado convivir con un perro con problemas de reactividad y, para mí, la parte más importante de estos casos es el acompañamiento a la familia.
Opinión de la familia de Bowie
Bowie es mi mayor lección.
Es un bebé de 4 añitos que emocionalmente no lo ha tenido fácil. Alrededor de cumplir un año, estuvo sin salir de casa durante una larga temporada, conviviendo con dos perros más grandes que se peleaban a matar y sin recibir la atención que merecía. Aprendió como pudo a sobrellevarlo y saber gestionar sus emociones, de alguna manera.
Al traerlo a casa me di cuenta de que le agobiaba salir a la calle, aunque le entusiasmase pasar por nuevas aventuras. Los vehículos, las personas y otros animales le provocaban ansiedad que expresaba en forma de reacción muy intensa ladrando y haciendo el amago de querer morder. Todo esto lo pude ver gracias a Miki. Gracias a él cogí fuerza, y más confianza con Bowie y él conmigo. Me ha hecho comprender que somos uno, un equipo.
Descubrimos nuevas maneras cada día para que el paseo fuera lo más satisfactorio y de calidad posible, aunque la clave está en tener una mirada compasiva hacia el problema. Bowie lo hacía y lo hace lo mejor que puede.
Cada día somos mejores, pero como es reactivo, todo depende del día y del momento. Sabiendo esto, tengo claro que es un proceso de toda una vida, y muy muy duro. Pero gracias al apoyo y los conocimientos de Miki he aprendido que, con mucho amor y comprensión, todo va a mejor.
Estamos mejor que nunca y aunque le cueste la primera toma de contacto, ya hace amigos, humanos y caninos. Aunque las motos, nunca le van a caer bien ;).
Muchísimas gracias Miki, de corazón.
