Hola, soy Miki
Profesional de la educación canina y creador de CanBe.
Si estás aquí, probablemente quieras saber algo más sobre la persona a la que vas a confiar una parte importante de la vida de tu perro. Y me parece lógico. Yo también querría saber con quién estoy trabajando.
Mi forma de entender la educación canina no apareció de un día para otro. Es el resultado de años de formación, experiencia, errores, cambios de perspectiva y, sobre todo, de muchos perros y familias que me han llevado a seguir haciéndome preguntas.
Hoy trabajo desde una idea que para mí es fundamental: antes de intentar cambiar un comportamiento, necesitamos comprender qué está ocurriendo.
Pero no siempre pensé así.
Entré en este mundillo por las “puertas del infierno”
Empecé con 16 años en una escuela de metodología tradicional, donde se utilizaban herramientas como collares de pinchos y eléctricos.
Yo quería aprender a adiestrar perros y aquello era lo que me estaban enseñando.
Durante los años siguientes continué formándome en esa línea y empecé a aplicar lo aprendido con Nela y con mis primeros clientes. El objetivo era conseguir obediencia y corregir aquellos comportamientos que considerábamos problemáticos.
Pero cuanto más trabajaba con perros, más preguntas empezaban a aparecer.
Había situaciones que no sabía explicar, familias a las que no conseguía ayudar y perros cuyo comportamiento no encajaba en todo lo que había aprendido.
Algo empezaba a no cuadrarme.
Cuestionar lo aprendido fue solo el principio
En 2018 decidí buscar otra forma de entender y trabajar con los perros.
Empecé a formarme desde perspectivas diferentes y descubrí que detrás de aquello que llamamos «problemas de comportamiento» había muchísimo más que obediencia o desobediencia.
Empecé a interesarme por las emociones, las necesidades, el aprendizaje y la comunicación. Y también tuve que revisar muchas de las cosas que había hecho hasta entonces y asumir mis propios errores.
La formación me llevó además a conocer a grandes profesionales y a acompañar de cerca a uno de mis mentores, José Luis, participando en numerosos casos y adquiriendo algo que ningún curso puede darte por sí solo: experiencia trabajando con perros y familias reales.
Desde entonces hay algo que no ha cambiado:
seguir estudiando, cuestionándome y aprendiendo forma parte de mi manera de ejercer esta profesión.
Nela también formó parte de todo este proceso
Mientras mi forma de entender a los perros estaba cambiando, también empezó a cambiar mi relación con Nela, la perrita con la que convivía desde hacía años.
Durante mucho tiempo había aplicado con ella muchas de las cosas que me habían enseñado al empezar. Cuando comencé a mirar el comportamiento desde otra perspectiva, también tuve que aceptar que algunas de aquellas decisiones no habían sido justas con ella.
No podía cambiar lo que ya había hecho, pero sí podía cambiar la forma en la que la acompañaría a partir de entonces.
Y tuve la oportunidad de hacerlo.
En sus últimos años pude relacionarme con ella desde un lugar completamente diferente: con más comprensión, más respeto por sus necesidades y muchas menos ganas de controlar lo que hacía.
Por desgracia, mientras yo estaba viviendo todo aquel proceso de cambio, Nela entró también en la última etapa de su vida.
Perderla fue durísimo.
Poder acompañarla de otra manera durante ese tiempo terminó convirtiendo todo lo que estaba aprendiendo en algo mucho más profundo que una forma de trabajar.
Y empezó a definir la clase de profesional que quería ser.
Y entonces apareció Shere
Nos conocimos en Ibiza mientras yo trabajaba en una fundación.
Shere era una perra con muchísimo miedo. Mantenía varios metros de distancia con las personas, estaba enferma y cualquier intento de acercamiento o manipulación suponía una situación muy difícil para ella.
Convivir con ella me enseñó algo que hoy sigue muy presente en mi manera de trabajar:
no siempre podemos pedirle a un perro que deje de tener miedo, pero sí podemos intentar comprenderlo y crear las condiciones para que empiece a sentirse más seguro.
Con ella no había atajos. Necesitaba tiempo, distancia, previsibilidad y alguien dispuesto a escuchar lo que estaba comunicando.
Con el tiempo nuestra relación fue cambiando.
No porque Shere se convirtiera en una perra diferente, sino porque empezó a disponer de más herramientas para afrontar aquello que le daba miedo y yo aprendí mucho mejor cuándo ayudarla y cuándo darle espacio.
Sigue siendo una perra sensible y hay situaciones que todavía le generan inseguridad. Y está bien que sea así.
Convivir con ella ha marcado profundamente mi manera de entender el miedo y la inseguridad.
Probablemente por eso trabajar con perros que necesitan tiempo, espacio y comprensión se ha convertido en una parte tan importante de mi profesión.
Mi proyecto ¿Por qué CanBe?
CanBe nació después de muchos cambios. Profesionales, personales y también en mi forma de entender a los perros.
Y su nombre intenta representar precisamente eso.
Tres ideas que acabaron dando nombre a un proyecto con una intención muy sencilla:
ayudar a que perros y personas puedan entenderse y convivir mejor.
Ahora ya conoces al profesional.
¿Quieres saber algo más sobre la persona?
Cuándo no estoy trabajando con perros…
Más de montaña que de mar.
Naturaleza, deportes de invierno y cualquier excusa para estar fuera.
Observador, tranquilo y bastante curioso.
Me gusta escuchar, conversar, enseñar, viajar, comer bien, el cine y tener siempre algún libro a medias.
Si has llegado hasta aquí, probablemente ya me conozcas un poco mejor.
Si mi forma de entender a los perros y de trabajar con las familias encaja contigo, estaré encantado de conocer vuestra historia.